sábado, 28 de noviembre de 2015



UNA VIEJA AMIGA DESCONOCIDA
Introducción
El siglo pasado se caracterizó porque los científicos querían entender, comprobar y estudiar todo lo que a su alcance fuera posible de observar, analizar, sintetizar; tal es el caso del abuso de las drogas, sobre la cuales pesaba la más  profunda sombra de mitos poderosos y conceptos errados sobre la naturaleza de la adicción. Sin embargo cuando la ciencia comenzó a estudiar el comportamiento adictivo en la década de los treinta, se pensaba que las personas adictas –especialmente a las drogas-, tenían una falla moral y falta de fuerza de voluntad. Esos puntos de vista formaron la respuesta de la sociedad al abuso de drogas, tratándolo más como un fallo moral que como un problema de salud, lo que puso el énfasis en las acciones punitivas en lugar de las preventivas y terapéuticas.
Hoy, gracias a la ciencia, nuestros puntos de vista y respuestas al abuso de drogas han cambiado dramáticamente. Los descubrimientos innovadores sobre el cerebro han revolucionado nuestro entendimiento de la drogadicción, permitiéndonos responder eficazmente al problema. Y, no únicamente para razonar acerca del abuso de las drogas, sino de cualquier actividad humana relacionada con las adicciones.
El resultado de estas investigaciones científicas desembocó en saber que la adicción es una enfermedad que afecta tanto al cerebro como al comportamiento, además se han identificado muchos de los factores biológicos y ambientales que influyen en mayor o en menor proporción para el desarrollo de las adicciones; por ejemplo, las variaciones genéticas que contribuyen al progreso de esta enfermedad. Los científicos usan determinados conocimientos para tener en cuenta enfoques eficaces para la prevención y el tratamiento, que reduzcan la carga que el abuso de drogas y otras adicciones ejerce sobre los usuarios, sus familias y las comunidades.

Desarrollo
La vida nos plantea retos ante los cuales hay que responder continuamente. Pero el reto de tener que afrontar tantos retos tiene el riesgo de generar ansiedad, nerviosismo, inseguridad, vulnerabilidad, estrés, depresión, etc. Ante esto las personas sienten que no pueden superar las situaciones adversas o de difícil solución, por lo que sienten la tentación de consumir drogas o de hacerse adictas con el objeto de cambiar sus estados emocionales. Esto puede tener unas consecuencias nefastas para la salud, hasta tal punto que puede llegar a costar la vida.
La adicción se define como una enfermedad crónica del cerebro con recaídas, caracterizada por la búsqueda y la compulsividad, a pesar de las consecuencias nocivas. Se considera una enfermedad del cerebro porque las adicciones cambian al cerebro: modifican su estructura y cómo funciona. Estos cambios pueden durar largo tiempo y llevar a los comportamientos peligrosos como es el caso de las personas que abusan de las drogas (N. Volkow y H. Schelbert, 2002).
Algunas personas se vuelven adictas a las drogas y otras no. Al igual que con cualquier otra enfermedad, la vulnerabilidad a la adicción difiere de una persona a otra. En general, mientras más factores de riesgo se tienen, mayor es la probabilidad de que el consumo de drogas se convierta en abuso y adicción. En cambio, los factores de “protección” reducen el riesgo de desarrollar una adicción. Por lo tanto, las adicciones son un problema de salud multifactorial.
Casi todos conocemos algún caso de adicción: amigos, familiares o compañeros adictos al alcohol, al tabaco, a medicamentos legales o a drogas ilícitas. El objeto de la adicción puede variar, pero la respuesta conductual es similar, ya que todas estas adicciones provocan la misma reacción en la química del cerebro. Este descubrimiento ha alterado la forma de considerar, prevenir y remediar las adicciones (En Cerebro adicto, Revista ¿Cómo ves?, pág. 10).
Y generalmente pensamos que un adicto es una persona consumidora de drogas, no creemos en la existencia de otras adicciones que de igual manera dañan al consumidor como a los amigos o a los familiares de aquel. Eso lo pensamos y a veces lo aseguramos por desconocimiento de las razones reales que son el argumento científico del porqué de las adicciones.
El riesgo total de volverse adicto es afectado por la constitución biológica de la persona, pudiendo verse influenciado por el sexo o la etnia de la persona o por la etapa de desarrollo en que se encuentra y por su entorno social; por ejemplo, las condiciones en el hogar, en la escuela y en el vecindario. Condiciones que son socioculturales, socioeconómicas, medioambientales.
Los científicos, también  creen que los factores genéticos, incluyendo los cambios, constituyen entre el 40 y el 60 por ciento de la vulnerabilidad a la adicción. Los adolescentes y las personas con trastornos mentales tienen mayor riesgo para la adicción en comparación con la población en general.
En el caso de los factores ambientales, como el hogar y la familia, los compañeros y la escuela son una fuerte influencia porque ambas partes son instituciones sociales que irradian una forma de educación directa e indirecta, respectivamente.
En el seno familiar, los padres son los medios idóneos para influir en los hijos; por ejemplo, el padre que llega ebrio el fin de semana o se emborracha en la fiesta y el niño observa que esto es socialmente dispensado. Es entonces que la curiosidad surge, crece, se intensifica y posiblemente se satisfaga; aunque esto sucede fuera del hogar y a escondidas.
Mientras, la sociedad en la parte escolarizada pretende combatir lo que en el barrio, la colonia, el fraccionamiento o la unidad habitacional hace a favor de las adicciones. Eso nos lleva a deducir que la zona medioambiental surge como un factor muy influyente para el cultivo de los riesgos adictivos.
La puerta a las adicciones se abre por diversas razones. Y en el caso del consumo de sustancias adictivas, el alcohol es la llave para que se despierte el interés por otras drogas; finalmente, el cerebro humano, como órgano es el más complejo del cuerpo. Esta masa de materia gris y blanca, se encuentra en el centro de toda actividad humana y es necesaria para conducir un automóvil, saborear una comida, respirar, crear una obra maestra y disfrutar de las actividades cotidianas. En resumen, el cerebro regula las funciones básicas del cuerpo, permitiéndonos interpretar y responder a todo lo que experimentamos y dando forma a nuestros pensamientos, emociones y comportamiento (Nora D. Volkow, M.D. Directora Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas).
Por eso, precisamente ahí es en donde radica que “Para enviar un mensaje, las células del cerebro liberan una sustancia química (neurotransmisor) dentro del espacio que las separa de la próxima célula, llamado sinapsis. El neurotransmisor cruza la sinapsis y se adhiere a las proteínas (receptores) en la célula del cerebro que recibe el mensaje. Esto produce cambios en la célula cerebral receptora y ésta recibe el mensaje” (ibídem). Así que, cualquier sustancia o actividad que reciba el cerebro como una forma “engañosa” de gratificación provocará una inundación de dopamina haciendo que el resultado sea una sensación placentera. Y si el placer inducido causa necesidad de euforia para que el efecto se repita las veces que sean sin importar los daños conductuales u orgánicos.
Todas las adicciones pueden tener graves consecuencias para la salud y las relaciones humanas y, por tanto, para el bienestar personal, familiar y social. Este trastorno afecta varios circuitos cerebrales. “No solamente el circuito que calcula la recompensa”, dice Rubén Baler, “sino también los relacionados con el aprendizaje, con la memoria, con el control de emociones, con la toma de decisiones; son varios circuitos. Todos interactúan entre sí y muestran una disfunción en el adicto” (En Cerebro adicto, Revista ¿Cómo ves?, pág. 14).
En el caso de México, como nación, no está preparado ampliamente a pesar de las diversas políticas educativas y de salud que se han implementado para que las adicciones sean reguladas desde la cultura, la educación familiar y escolar. Y ello viene a correlación porque en momentos actuales se ha iniciado un debate poco fructífero acerca del uso y disfrute de la marihuana. Aunque no se han dado cuenta que esto no queda en el consumo de las drogas como tales, sino que falta tratar y establecer lo necesario para darle la batalla a otras adicciones: uso abusivo de las tecnologías de la información, relaciones socioafectivas desmedidas, las apuestas en los juegos de azar que se vuelven, etc.
La adicción a las nuevas tecnologías se caracteriza por un consumo abusivo de las nuevas tecnologías, ordenador, internet, móvil, videojuegos y redes sociales. Las adiciones pueden afectar a todas las edades pero suelen darse principalmente en los jóvenes y en los adolescentes, el uso de internet les permite comunicarse con otras personas de forma anónima, hablar de temas que cara a cara les sería difícil, expresar emociones, comunicarse virtualmente con personas desconocidas o mantener el contacto con amigos que de otra forma no podrían hacerlo.
Los noviazgos moderno-contemporáneos se vuelven patológicos desde el preciso momento en que se hace uso de la vigilancia a través de diferentes medios (teléfono móvil, redes sociales, otras amistades) como una medida de persuasión y de sometimiento a pesar de que no haya un claro compromiso de crecer como pareja para un futuro inicio de un nuevo hogar matrimonial. Entonces, una relación amorosa plena de emociones y sentimientos placenteros se convierte en una dolorosa y mórbida ancla a un sujeto que domina. Así mismo suele suceder en las distintas maneras de manifestarse la amistad entre seres del mismo o de diferente género.
Los juegos de azar son actividades en las que se cobra una cantidad por participar (apuesta) y se asigna un premio a los participantes, mediante un mecanismo de azar, en el cual no interviene de forma significativa la habilidad de los participantes. El juego al azar es una conducta normal, que sin embargo, cuando concurren diversos factores biopsicosociales, puede desarrollar caracteres patológicos, con graves consecuencias para la persona y el entorno, impidiendo en la mayoría de los casos en que es así, el desarrollo de una vida normal. Este proceso conduce a una dependencia emocional del juego que es visto por el jugador, no como su principal fuente de problemas, sino por ejemplo, como la única solución a las dificultades económicas que le asedian y un refugio donde evadirse.
 
Conclusión
La adicción no tiene que ser una sentencia para toda la vida. Al igual que otras enfermedades crónicas, la adicción se puede manejar con éxito. El tratamiento permite a las personas contrarrestar los efectos poderosos y dañinos sobre el cerebro y el comportamiento para que vuelvan a recuperar el control de sus vidas.
Aunque la naturaleza crónica de la enfermedad significa que no sólo es posible recaer en el abuso, sino que es probable una serie de recaídas parecidas a las de otras enfermedades médicas crónicas que también tienen componentes tanto fisiológicos como conductuales. El tratamiento de enfermedades crónicas involucra cambiar comportamientos profundamente arraigados, y la recaída no significa que el tratamiento falló. Para los pacientes adictos, las recaídas indican que se debe comenzar de nuevo, se debe ajustar el tratamiento, o que se requiere un tratamiento alternativo.
A cualquier terapia, tratamiento e intento de manejar nuevamente una vida exitosa se le debe sumar diversos factores que coadyuven a contrarrestar los daños de las adicciones. Entre los múltiples principios de ayuda vale citar: educación consciente y real para prevenir, canalizar a los adolescentes hacia los deportes al aire libre, concientización de las familias para evitar al máximo el desapego afectivo de los seres queridos menores de edad. Evaluar las acciones que ya se ejecutan para replanificarlas, adecuándolas a las nuevas necesidades que se van presenciando en una modalidad de mezclas adictivas.

Reflexión
Elegimos el tema de las adicciones, porque desde el contexto en el que trabajamos desde hace 34 años nos hemos visto involucrados en esta problemática, ya que los jóvenes con los cuales tenemos contacto se encuentran en constante riesgo, mismo que ha ido creciendo. Y no importa si son adolescentes o jóvenes adultos. Por eso es una preocupación presente que nos ocupa tiempo y pláticas personales o grupales para hacer el ejercicio de la prevención.
Para redactar el presente documento partimos de leer con profunda reflexión y mente abierta al aprendizaje de una nueva opinión, de un nuevo aporte de conocimiento a través de quien conoce por investigación lo que sucede con las adicciones, en especial con aquellas que se consumen fumadas, inoculadas o inhaladas; o bien, como lo dicta la moda, de inducirse a través de las comidas.
Problemática harto complicada de hablarse y de tratarse, pero nunca de considerarse tabú. Para seguir lo que indica la filosofía popular: “Llámale pan al pan y vino al vino”, sólo así la población entenderá el lenguaje y el mensaje que se transmite.



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